Adiós mi amor, Adios amigo mío... Tú has sido el único para mi.
Adiós mi amor, Adios amigo mío... Tú has sido el único para mi.

Cuando estás mal, cuando lo ves todo negro, cuando no tienes futuro, cuando no tienes nada que perder, cuando... cada instante es un peso enorme, insostenible. Y resoplas todo el tiempo. Y querrías liberarte como sea. De cualquier forma. De la más simple, de la más cobarde, sin dejar de nuevo nada para mañana este pensamiento: ''Él no está''. Ya no está. Y entonces, simplemente, querrías no estar tampoco tú. Desaparecer. Paf. Sin demasiados problemas, sin molestar.

El dolor adopta formas diversas, una punzada, una leve molestia, dolor sin más, el dolor con el que convivimos a diario. Pero hay un dolor que no podemos ignorar, un dolor tan enorme que borra todo lo demás, y hace que el mundo se desvanezca hasta que solo podemos pensar, en cuanto daño hemos echo. Como enfrentarnos al dolor depende de nosotros. El dolor... anestesiarlo, aguantarlo, aceptarlo, ignorarlo. Para algunos, la mejor manera de enfrentarse a él es seguir viviendo. El dolor, solo hay que aguantarlo, esperar a que se vaya por si solo y a que la herida que lo ha causado, cicatrice. No hay soluciones ni respuestas sencillas, solo hay que respirar hondo y esperar a que se calme. La mayoría de las veces el dolor puede aliviarse, pero a veces llega cuando menos te lo esperas, te da un golpe bajo y no te deja levantarte. Hay que aprender a aceptar el dolor porque lo cierto es que nunca te abandona y la vida siempre lo acrecenta...